La Reforma de lo Público

Artículos de opinión

ABR
27
La Reforma de lo Público

La Reforma de lo Público

Las elecciones al Parlamento de Andalucía, la primera de las citas electorales de este 2015, no se ha caracterizado precisamente por el contraste de propuestas de los distintos partidos políticos. Los actores han decidido, sin excepción, consciente o inconscientemente, arrinconar el debate de las ideas y que el proceso se juegue en el añejo y costumbrista terreno de las rencillas.

La sociedad, más allá del habitual “ruido” que genera el ininterrumpido intercambio de reproches, no ha recibido nada que le aporte valor para decidir cómo ejercer individualmente su derecho de voto. Por tanto, el riesgo de que cada uno, y todos en conjunto, hayan equivocado su decisión, es mucho mayor.

En este proceso ya finiquitado el mundo de la empresa, de la pequeña y mediana empresa andaluza, no ha tenido presencia, y cuando ha centrado la atención ha sido a propósito del clásico dilema entre lo público y lo privado.

Resulta una contradicción poner en valor la idea de la iniciativa privada como impulsora del crecimiento y generadora de riqueza, y al mismo tiempo sostener que lo “público” debe ampliar su ámbito de intervención y de actuación, o, lo que es lo mismo, la equívoca “privatización” es una pandemia a erradicar. El debate en torno a esta idea antagónica es estéril, pues se plantea en el terreno de lo teórico, sobre la base de lo ideológico, al margen de una realidad incontestable a la que no se quiere poner solución: la existencia de un sector público claramente ineficiente, que ha terminado por contaminar los comportamientos de la iniciativa privada. Esta ineficiencia, que es orgánica, funcional y económica, se presenta como el paradigma del progreso en una Comunidad Autónoma que registra una tasa de desempleo del 34%, unos preocupantes índices de abandono escolar, unos elevados déficits de cualificación profesional, y una capacidad emprendedora escasa.

Insistentemente se habla de un cambio de modelo productivo, de la supresión de trabas administrativas, de la unidad de mercado, de la libre empresa, la competitividad… Pero, ¿para cuándo la reforma del sector público? Y no estamos hablando del “chocolate del loro”.