Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

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Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

El próximo 30 de noviembre tendrá lugar en París la Conferencia de las Naciones Unidas Sobre el Cambio Climático, con el reto de conseguir un acuerdo global que permita impulsar la transición hacia sociedades y economías capaces de poner freno a las emisiones de dióxido de carbono. En esta ocasión, los compromisos que Estados Unidos y China parecen dispuestos a asumir, permiten un razonable optimismo sobre los resultados finales.

En los días previos se apelará de nuevo al "estado moral", a la culpabilidad global sobre la situación del medio ambiente, se anunciarán los desastres que van a suceder si la situación no se corrige... Ya el Director General de la Organización Meteorológica Mundial ha declarado
recientemente, que "avanzamos hacia un territorio desconocido y la maquinaria se acelera a un ritmo escalofriante, aterrador, una situación que la raza humana no ha experimentado".

Diario de Sevilla

Esta visión apocalíptica podría admitirse, a título de mera hipótesis, si la situación actual se compara con la que se aceptase como "ideal". Si admitimos lo dicho por la Agencia de Meteorología Británica, de que la temperatura media global superará por primera vez en 2015, en más de un grado centígrado, los niveles que se registraron en la época preindustrial,
parece que el estado general del medio ambiente no puede calificarse como dramático, sobre todo si lo comparamos con la situación existente a comienzos del siglo XX, y los avances espectaculares registrados desde entonces en todos los órdenes, sobre todo en el apartado concreto de la concienciación, y también de las acciones. Por ejemplo, desde Kioto son más
de 150 países los que han presentado, además de los 35 iniciales, compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Por tanto, sería deseable que cualquier comparación o valoraciónacerca de la situación del medio ambiente no fuera utilizada para atemorizar, sino para realzar las fortalezas, detectar las debilidades, marcar una estrategia global, asignar compromisos y esfuerzos.

Este evento coincide además con la tramitación del proyecto de norma que modifica la regulación de determinados aspectos de la vigente Ley de Gestión Integral de Calidad Ambiental de Andalucía, para adaptarse a la Directiva 2011/92/UE sobre evaluación de las repercusiones sobre el medio ambiente de determinados proyectos, tanto públicos como privados.
Esta directiva introduce varios aspectos novedosos, tales como una relación de criterios objetivos para seleccionar qué proyectos deben someterse a evaluación, o la incorporación del llamado "principio de proporcionalidad". Ambos responden a una concepción global sobre la protección del medio ambiente, en línea con la progresiva integración mundial de los mercados, fruto de la globalización, y, por tanto, del mayor grado de interdependencia de las economías.

Con este nuevo enfoque se intenta evitar que en el ámbito de la UE una actividad quede sujeta a distintos umbrales o criterios de exigencia según el territorio donde tenga intención de implantarse y, por tanto, frenar los procesos de deslocalización de los usos productivos. En realidad, no se trata de establecer unos criterios uniformes, sino disponer de un protocolo y de una metodología que permita contrastar el proceso de toma de decisiones en cada país miembro, lo que sin duda constituye un avance cualitativo importante.

Llegado este punto, la adaptación de la normativa andaluza sobre prevención y protección del medio ambiente es una oportunidad para corregir algunos de los desequilibrios acumulados a lo largo de los años, y algunos avances registra el proyecto presentado para su tramitación parlamentario,sobre todo en materia de simplificación de los procedimientos para obtener
las preceptivas autorizaciones. Sin embargo, estos avances no garantizan una corrección del enfoque que ha servido para orientar las medidas de prevención, o para concretar los límites exigibles, y, sobre todo, para mejorar la gestión. Valga como ejemplo ciertos acontecimientos sucedidos recientemente por su incidencia sobre la materia, caso de la anulación del Plan de Ordenación del Territorio de la Costa del Sol Occidental, aprobado en el año 2006, o la también fallida revisión del Plan General de Ordenación Urbana de Marbella. En ambos supuestos el Tribunal considera que no se cumplen todas las exigencias que establece la normativa comunitaria sobre evaluación medioambiental, bien porque no se analizan las diferentes alternativas o, en el mejor de los casos, porque ni siquiera se las identifica. Es
decir, probablemente sin pretenderlo, sobrevuela la percepción de que se hizo una evaluación "ad hoc".

En este sentido, una de las causas del déficit que distorsiona en Andalucía la prevención y protección del medio ambiente no es tanto el marco normativo, sino precisamente la gestión de los instrumentos y medidas de desarrollo. Digamos que la deficiente gestión por parte del sector público, o administración paralela, se ha convertido en una parte relevante de los
desequilibrios que acumula el medio ambiente en Andalucía, y responsable encierto modo de la percepción cada vez más extendida de que el desarrollo económico y la protección del medio ambiente son objetivos antagónicos.


Otro supuesto que ejemplifica este déficit en la gestión es el estado que presentan las infraestructuras declaradas de interés autonómico sobre depuración y vertido de aguas.

Transcurridos cincuenta y cuatro meses desde que se implantara el canon para financiarlas, recaudados por dicho concepto 300 millones de euros aproximadamente, y pese a que la tasa de paro en nuestra Comunidad Autónoma supera la media nacional en diez puntos porcentuales, la realidad es que las ejecutadas o en fase de ejecución ascienden sólo a 60 millones de euros, que representa el 5% del coste total inicialmente presupuestado, cifrado en 1.300 millones de euros.

Por tanto, la adaptación de la legislación andaluza es un paso necesario, pero desde luego no el más importante para cambiar la realidad actual. Más planes, programas, evaluaciones medioambientales que se solapan, más exigencias, en definitiva, un mayor intervencionismo, ni asegura ni garantiza una mayor protección ambiental. La clave está en la gestión, entendida como el compendio del conocimiento, la experiencia, la interacción entre los distintos actores, enfocada a prevenir y preservar, pero sobre todo a poner en valor el  edio ambiente y hacerlo reconocible para el conjunto de la sociedad.